Estoy en guerra con mi cuerpo
Qué lucha tenemos las mujeres con el cuerpo, ¿no es cierto? Qué difícil se hace a veces batallar con él. Descubriremos cómo sanar aspectos de nuestro cuerpo y de nuestras emociones. En primer lugar debemos tener en cuenta que “Somos hermosas”, aunque muchas mujeres no lo creen, todo lo que Dios crea es hermoso. Tal vez las angustias de la vida, los problemas, las crisis cotidianas hayan arrugado más la piel, hayan desmejorado el aspecto, pero lo que Dios mira es la belleza que Él creó en nosotros y nos ve hermosas. Y, si Dios nos ve hermosas, ¿quién puede decir lo contrario?
El cuerpo, para muchas mujeres, en lugar de ser una bendición es una tortura, porque, en lugar de disfrutarlo se transforma en un encierro. Hay mujeres que tal vez quieren alcanzar muchas cosas en la vida, sin embargo, porque tener vergüenza de su cuerpo, no lo pueden lograr.
Cuántas veces te invitaron a disfrutar de la vida y dijiste que “no” porque te daba vergüenza tu cuerpo; te dijeron: “Vamos este fin de semana a la quinta, a la pileta” Y respondiste: “No” (poniendo cualquier excusa cuando, en realidad, te daba vergüenza ponerte una malla). O si vas a la playa lo haces cubierta con una toalla, para taparte todo el cuerpo, y recién cuando estás metida en el agua te descubres.

Muchas veces el cuerpo nos avergüenza porque nos hicieron creer que había un modelo que era el correcto y entonces dijimos: “No, mi cuerpo no tiene nada que ver con ese modelo, por lo tanto yo no pertenezco a esta sociedad, debo esconder mi cuerpo.” Y no hay cuerpos correctos; mi cuerpo es correcto para mí.
Hay mujeres que parece que van por la vida con un gran cartel que dice: “Cuerpo no apto socialmente”, y hay una verdad: tu cuerpo te acompañará toda la vida. Podrás dejar cualquier otra cosa pero jamás desprenderte de él, por eso haz algo para reconciliarte con tu cuerpo y deja de rechazarlo. Si determinas que podrás lograr algo lo vas a alcanzar pero si estableces que ya no vas a hacer nada, también lo conseguirás. Por eso determina qué es lo que quieres, porque “para el que cree todo es posible.”
El auto descubrimiento
El cuerpo que hoy tenemos (nos guste o no) es el que elegimos tener, el que desarrollamos a lo largo de nuestra vida. O nos comimos todo, o no comimos nada, nos angustiamos, amargamos; está en nuestras manos elegir el cuerpo que deseamos tener.
Muchas dicen: “No es importante, porque Dios ya nos dio este cuerpo, esta cara y ¡qué le vamos a hacer!” Y eso no es verdad, porque por ejemplo, cuando compras una casa y vas a vivir allí, ¿qué es lo primero que haces? La arreglas (si es necesario), la pintas, la limpias, la decoras, la amueblas.
De la misma manera es tu cuerpo, como tu casa. O sea, que puedes mejorarlo.
Las mujeres que dicen: “Yo ya estoy así y no puedo hacer nada más”, están negando la oportunidad que tienen para mejorar. Siempre estamos a tiempo para hacerlo. Pregunto: ¿Tienes metas para tu cuerpo? ¿Tienes sueños para tu cuerpo?
A veces soñamos con ¡tantas cosas! Cuando te ves en un sueño, debes ver también cómo estarás físicamente, el problema es que soñamos lo que queremos lograr pero no nos vemos dentro del sueño, observamos desde afuera. Métete físicamente en el sueño que quieres lograr y también sueña qué cuerpo quieres tener en ese momento cuando estés pisando tu sueño. Hemos soñado en muchas áreas pero nos olvidamos de soñar en el área física, sueña algo para tu cuerpo. Tenemos la posibilidad de cambiar y ser lo que siempre soñamos ser.
Los grandes cambios en la historia, culturales y sociales se dieron a través de revoluciones. Es decir que, para lograr un cambio en el cuerpo debemos hacer una revolución. Y no ante los demás, sino dentro de nosotras mismas, debemos revolucionar nuestra vida; determinar y decretar un cambio que debe ser revolucionario para tener resultados, de lo contrario no podremos lograr nada.
La historia
El Doctor Ravenna opina que el problema de la gordura nació con la agricultura. Cuando el hombre cazaba y pescaba debía moverse buscando su comida, se trasladaba de un lugar a otro, y las mujeres montaban y desmontaban las tiendas hacia el lugar que se mudaban; es decir estaban constantemente en movimiento y por eso los cuerpos eran más altos y más delgados. Pero, a medida que el hombre dejó de ser nómade, se fue asentando, se movió menos y empezó a cultivar en un lugar, a comer lo que la tierra producía (trigo, maíz, avena) o sea, “harinas”.
El sedentarismo los llevó a consumir más y moverse menos, entonces los cuerpos altos y delgados comenzaron a achicarse y ensanchar. O sea, la culpa de nuestra gordura es por la agricultura.
Para entender esto debemos tener en claro una ecuación peligrosa: Mucha ingesta + Poco movimiento = Kilos de más.
Si eres una mujer que te gusta comer mucho, pero no te mueves mucho ahí viene el desequilibrio. Debemos entender de qué manera estamos poniendo en práctica esta ecuación. A mayor ingesta, mayor movimiento; a menor ingesta, menor movimiento.
O decidimos comer más y movernos más, o comer menos y movernos menos; nuestro problema es que lo hacemos al revés.
El movimiento debe ser inteligente
Los profesionales del deporte dicen que cada dos semanas deben cambiar la rutina de sus ejercicios porque sino el cuerpo se acostumbra y no hace efecto. Cada dos semanas confunden a los músculos, para que otros músculos trabajen y así cambian la ejercitación que se desarrolla sin acostumbrarse a un ejercicio. Eso es lo que debemos hacer, un movimiento diferente todas las semanas; si lo único que hacíamos era lavar, haz otra cosa, más creativa, pero cambia, ponte en movimiento, porque si sigues haciendo lo mismo que hasta ahora, nada te dará resultado o será el mismo.
Lo peor que puede pasarnos es querer ser distinta sin cambiar nada
Debemos cambiar hábitos: comer en horarios diferentes, levantarnos más temprano para ir a un gimnasio, a caminar o correr, deja el control remoto, no veas más la novela y haz algo diferente por ti y por tu cuerpo.
Anota en una agenda las actividades que tendrás en el día y, de todas esas actividades, observa si le estás dando un espacio a tu cuerpo, o si ese día lo abandonaste haciendo nada por él. Entre las tareas programadas, inserta un día para salir a caminar, otro día para hacer gimnasia, natación, algo que involucre tu cuerpo y te permita quemar calorías. Sal de la rutina, desafíate, supérate y mejórate continuamente.
La agenda de tu vida debe estar escrita por vos misma, no la pueden escribir los demás, no puede ser que consuman el tiempo que necesitas para hacer cosas por vos y crecer. Tu tiempo tiene que estar decretado por ti misma, no por tu pareja ni tus hijos ni tu jefe. Aprende a mejorar continuamente en lo intelectual, emocional, espiritualmente. Chequea si estas mejorando, si estas creciendo físicamente porque estás haciendo algo por tu cuerpo.
La mujeres tenemos el concepto de que lo adentro es importante y lo de afuera que se pudra, eso es ¡un error! Debemos saber que lo de adentro es importante, y si estás bien por dentro se reflejará afuera; si no se refleja afuera no tiene importancia lo que hiciste adentro, porque una mujer que se ocupa de lo interno se distingue externamente. Podrás decirme: “Yo estoy muy crecida, muy bien”, pero si te veo desaliñada, con el cabello desteñido, las uñas sucias, que tu ropa está hecha un desastre, ¡no me digas que estás bien! porque te estás mintiendo a ti misma.
A mayor descuido, más odio
No puedes decir que eres maquilladora y no estar maquillada; ni decir: “te arreglo las manos” y tener las uñas arruinadas. Cuidar tu apariencia es importante, porque tu rostro testifica del interior y si no se ve bien es porque algo tienes por sanar.
Entramos como en una especie de batalla con nuestro cuerpo, comenzamos a luchar y lamentablemente terminamos perdiendo. Cuántas veces dijimos: “Estoy luchando con los kilos de más”, “Tengo que vencer los síntomas de la edad”, “Tengo que coserme la boca para no comer más”, “Me cortaría esta parte que me sobra en rebanadas, la odio.” Todo, porque entramos en una lucha con el cuerpo y peleamos porque no tenemos una buena relación con él. Debemos amigarnos, disfrutarlo. Nos vestimos y bañamos rápidamente en vez de tomarnos tiempo para disfrutar y dejar de castigarlo.
¿Qué parte de tu cuerpo no te gusta? Escondes las partes que no te gustan, y cuanto menos las cuidas más feas se ponen. Cuando tienes una planta y no le pones agua se seca, porque necesitaba cuidado; pasa lo mismo con la parte de tu cuerpo que no te gusta, la tapas, la escondes, tratas de que no se vea, que no llame la atención, entonces dejas de acariciarla, de ver qué posibilidades hay para transformarla: a mayor descuido, más odio.
Identidad
La imagen corporal es la que tenemos de nuestro cuerpo y no sólo lo que pensamos sino lo que oímos que los demás nos dicen o que creemos que los demás piensan. La imagen corporal es un conjunto de emociones, sentimientos, sensaciones con respecto a nuestro cuerpo: que gusta o no, excita o no. ¿Qué decía mamá de mi cuerpo? La mirada que se refleja en el espejo es lo que ella siempre me dijo, no lo que yo creo ver y otras voces que se asocian. Por ejemplo, si siempre me aprobaron, me dijeron que era linda, espectacular, bárbara, que tenía un potencial impresionante, que era hermosa, creceré con esa mirada.
La imagen no depende sólo del peso sino de lo que hay en nuestro interior.
¿Cómo puede ser que un día me mire al espejo y me vea bien, y al otro día me vea mal?
La culpa no la tiene el espejo sino la imagen que tengo de mí misma; y el día que nos levantamos mal emocionalmente, el espejo reflejará una mala imagen pero el día que nos levantamos con gozo, con alegría, con energía, el espejo va a reflejar algo bueno.
Es lo mismo que experimentarás cuando cuides tu cuerpo; cuando empiezas a hacer algo por ti, física o emocionalmente, sentirás que estás bien aunque sea poco lo que hiciste, que tu vida cambió y no sólo depende de los kilos que peses. Quizás un día tienes más peso pero si te levantaste bien, ese día te verás bien y todo estará bien, porque depende de cómo estés interiormente.
¿Qué prioridades había en tu casa cuando eras chica? Por ejemplo cuando ibas a la escuela y no querías ir a la clase de gimnasia, ¿qué te decían? “No vayas, no hay problema, total es gimnasia.” Se le daba importancia a matemáticas, lengua, geografía, historia y gimnasia no tenía valor porque tenía que ver con lo físico e importante era lo intelectual. Quizás nunca te enseñaron que tenías que ir a gimnasia a cuidar tu cuerpo, desvalorizaron esa área priorizando otras, entonces creciste no dándole importancia. De acuerdo a lo que priorizas será la importancia que le darás.
Hoy tu cuerpo es prioridad si quieres alcanzar tus sueños porque tiene que acompañarte, de lo contrario te quedarás a mitad de camino y los sueños no se harán realidad.
Aprende a mejorarte y hacer algo con tu cuerpo
¿Cómo está tu piel? ¿Hace mucho que no te haces nada en el cabello? ¿Cuál es el color de maquillaje que te favorece? Consulta qué maquillajes comprar, qué crema te conviene usar, resalta tu carisma.
Tal estima, tal cuerpo.
Una autoestima pobre te convierte en una persona que no privilegia el derecho de cuidarse.
En la actualidad donde las mujeres no solamente queremos ser madres sino desarrollar todo nuestro potencial, cuando llegamos cansadísimas a casa y lo único que queremos es sacarnos los zapatos y ponernos cómoda; sin embargo, llegamos en el mismo horario que el resto de la familia y la que va directamente a la cocina a calentar la comida y servir la mesa es “la mamá”. Llegamos destruidas pero no podemos darnos el lujo de hacer lo que los otros hacen, porque todavía tenemos la culpa de “haber salido a trabajar” cuando, supuestamente, nuestro rol era ser madre y hacer todo. “Y, ¡no es así!”
Y en ese momento tienes mucha hambre entonces mientras preparas la cena “picas” cualquier cosa que se te cruce. Y después te preguntas: ¿No entiendo, por qué estoy gorda, si no comí nada, hoy no cené? (“No cenaste con todos”, pero cenaste sola mientras cocinabas.)
Comemos lo primero que encontramos porque no sabemos amarnos ni respetarnos, y si no te respetas, no esperes el respeto de nadie. Una estima positiva no es pasiva, se construye cada día.
Una estima pobre hace pensar que tu cuerpo no merece lucir la ropa que te gusta ni aquello que deseas comprarte; y si no te consideras importante vas a decir: ¿cómo me voy a poner ese color? ¿Esa ropa no es para mí? Y empiezas a prohibirte y esas prohibiciones harán que tu encierro sea cada vez más grande, en lugar de lucir lo que elegiste y que realmente te guste.
Hay una diferencia muy grande entre ser mujer y ser madre. Si solamente te consideras una mamá te comportarás como tal, pero si sabes que a pesar de ser madre sigues siendo mujer, entonces tu conducta será diferente.
Aprende a cuestionar todos los mandatos internos que te dieron. Hay quienes, en el día que se casaron cerraron sus puertas como mujeres; dijeron: “Ahora me casé y lo único que me queda es tener hijos”; entonces se engordaron, se dejaron estar, no se tiñeron más, se dedicaron a ser madres, metiéndose en esa identidad y dejando a la mujer de lado. Pero la mujer está ahí, dispuesta a salir en cualquier momento, y todavía tiene sueños, proyectos y potencial para seguir soltando.
La voz que nos juzga
Hay una voz que nos habla a la mente cada mañana y que cumple la función de juez, se llama la voz de la obsesión y está todo el tiempo diciendo: “Estas gorda”; “Estas vieja”; “No sirves”. Se ha transformado en tu juez interior y lamentablemente, las mujeres, le hemos hecho mucho caso.
Imaginen levantarse, y no tener que pensar que lo que comeré me va a engordar o no; que estoy más vieja o no; sino levantarse y decir: Voy a disfrutar de la vida, del cuerpo, del día, de la gente que Dios pone alrededor, del día maravilloso que nos dio. Pero la voz de la obsesión no lo permitirá y resonará en la mente todo el tiempo. La frase más común que dice a muchas mujeres: “tienes que adelgazar”, “estas gorda”, y su fin es convencerte de que “si no eres como la cultura dice, no serás una mujer feliz”, y eso es mentira.
Lo que vemos en una revista o en televisión no es la realidad. El mensaje cultural es falso y la voz de la obsesión nos castiga para llegar a lo que la cultura nos pide, pero es inexistente. ¿Qué carrera estás corriendo? Para alcanzar nada, porque siempre te vas a sentir frustrada, lo que nos muestra no es real, es Photoshop, es maquillaje.
Silencia la voz de la obsesión que te trae una insatisfacción continua para que te desvíes del sueño. Si piensas en eso todos los días te distraerás del sueño grande que tienes para ti misma. Frente a esa voz, puedes reaccionar de dos maneras:
Y para cambiarla tienes que identificarla. La voz siempre te va a decir: “deberías”, “tendrías”, “no deberías”, siempre dando un mandato negativo de lo que tienes que hacer, una orden, algo que es obligación no algo que salió de tu interior y que lo haces con alegría y satisfacción, sino una orden que te trae angustia y culpa en caso de no hacerlo. Detecta la voz de la obsesión y cámbiala, porque de lo contrario te terminará matando.
Estar delgada no garantiza que los conflictos se hayan resuelto.
Decimos: “El día que pese tantos kilos menos voy a ser feliz” Y te das cuenta que llegaste a los kilos menos pero tampoco eres feliz porque sigues sufriendo los mismos problemas con menos peso. Si haces caso a la voz de la obsesión no llegarás a nada. Debes saber qué palabras poner en tu boca que amen tu cuerpo, que lo valoren, que lo lleven hacia nuevas metas, pero no metas obligadas que traigan angustia y castigo sino aquellas que te gusten hacer, que disfrutes y digas: “¡Qué bien me siento! Hice algo por mí y me siento bien”
El peso corporal (tanto mucho como poco) siempre es un síntoma. Cuando atacamos el peso estamos cometiendo un error, no está mal que cuidemos el peso pero debemos atacar el síntoma. Hay algo detrás que no se puede resolver con palabras por eso comemos, o no comemos, y al no poder ponerlo en palabras desarrollamos un síntoma para explicar lo que no puedo expresar, lo que me está haciendo daño, lo que me duele, lo que no logré en la vida. O sea, estar gordo o extremadamente delgado es un síntoma, y debemos aprender a atacar la base de ese síntoma no el síntoma en sí. Debo trabajar en mi interior y ver qué es lo que no puedo poner en palabras.
La comida representa afecto, amor y recuerdo
Cuando te sientes sola seguramente comerás algún alimento que te haga recordar tu infancia, momentos lindos: -“me acuerdo que en las fiestas familiares nos reíamos todos, cantábamos, la familia estaba unida y estábamos felices” Entonces elegirás los alimentos que comías en esa fiesta.
-“me acuerdo que cada vez que teníamos que festejar, mi papá me llevaba al quiosco y me hacía elegir algo” Entonces comes algo dulce.
Porque el alimento representa amor, afecto, recuerdos. Por eso cuando estás bajoneada, estás mal, lo primero que haces es comer. Es interesante observar que servimos a los demás, sin embargo la comida para nosotros es prohibición, especialmente para las mujeres. Si tenemos un hijo varón le decimos: “Come nene que tienes que crecer y ser fuerte”; en cambio a la hija mujer le decimos: “Ojo, mira que eso engorda”, “cuidado, mira que ya comiste un montón”. Y nos acercamos a la comida con mentalidad de prohibición.
Los otros no son los custodios de tu alimentación
Tú tienes que decidir lo que comes y lo que no quieres comer. Aprende a usar en tu propia vida el “no”, pero un “no” que en definitiva es positivo. Nadie tiene derecho a controlarte, por eso hacemos dieta. La dieta es una mentalidad, todos hemos hecho dietas en algún momento, pero no sirve para nada, porque lo que hacemos es dejar el control de nuestra vida a la dieta (como no lo puedo controlar que lo controle la dieta), y por eso nos frustramos tanto cuando vemos que no da resultado, y comenzamos otra vez con el círculo vicioso.
Debemos aprender a comer por hambre físico y no por hambre emocional
Las mujeres comemos por ira, por bronca, por tristeza, por ansiedad, porque nos sentimos inútiles, porque nos sentimos tristes y lo que comemos son emociones. Nos comemos a la gente cuando no podemos decirle lo que quisiéramos, nos comemos hijos, maridos, jefes, pastores, porque no podemos decir lo que queremos. Comemos para llenar nuestra boca y taparla porque nos da vergüenza, no nos atrevemos o creemos que no tenemos permiso para decir lo que queremos, entonces comemos emociones y nos olvidamos de escuchar de nuestro cuerpo el hambre física.
Cuando éramos bebés cada tres horas nuestro cuerpo nos indicaba que teníamos que comer y no teníamos problema, llorábamos y recibíamos el alimento. Pero hemos perdido la capacidad de escuchar el hambre física y solo escuchamos el hambre emocional: cuando estamos mal vamos a la heladera y picoteamos; estamos con bronca o angustiada y comemos algo; o sea, la señal de alarma es emocional y no física.
La comida es para cargar combustible y seguir funcionando y no para calmar las emociones. Para las emociones necesitamos hacer terapia. No queramos solucionar los conflictos con la comida porque no nos traerá ninguna solución, al contrario, después me dará culpa y vergüenza porque lo que comiste es una emoción. La alarma no tiene que ser tu emoción, aprende a diferenciar cuando tienes hambre emocional o física.
Pensaste alguna vez: ¿Cómo puede ser que tenga hambre si recién termino de comer? Esa es una alarma que suena, no es hambre física, es un problema emocional y debo buscar la salida emocionalmente, no con la comida.
El cuerpo, para muchas mujeres, en lugar de ser una bendición es una tortura, porque, en lugar de disfrutarlo se transforma en un encierro. Hay mujeres que tal vez quieren alcanzar muchas cosas en la vida, sin embargo, porque tener vergüenza de su cuerpo, no lo pueden lograr.
Cuántas veces te invitaron a disfrutar de la vida y dijiste que “no” porque te daba vergüenza tu cuerpo; te dijeron: “Vamos este fin de semana a la quinta, a la pileta” Y respondiste: “No” (poniendo cualquier excusa cuando, en realidad, te daba vergüenza ponerte una malla). O si vas a la playa lo haces cubierta con una toalla, para taparte todo el cuerpo, y recién cuando estás metida en el agua te descubres.

Seguimiento:
Muchas veces el cuerpo nos avergüenza porque nos hicieron creer que había un modelo que era el correcto y entonces dijimos: “No, mi cuerpo no tiene nada que ver con ese modelo, por lo tanto yo no pertenezco a esta sociedad, debo esconder mi cuerpo.” Y no hay cuerpos correctos; mi cuerpo es correcto para mí.
Hay mujeres que parece que van por la vida con un gran cartel que dice: “Cuerpo no apto socialmente”, y hay una verdad: tu cuerpo te acompañará toda la vida. Podrás dejar cualquier otra cosa pero jamás desprenderte de él, por eso haz algo para reconciliarte con tu cuerpo y deja de rechazarlo. Si determinas que podrás lograr algo lo vas a alcanzar pero si estableces que ya no vas a hacer nada, también lo conseguirás. Por eso determina qué es lo que quieres, porque “para el que cree todo es posible.”
El auto descubrimiento
El cuerpo que hoy tenemos (nos guste o no) es el que elegimos tener, el que desarrollamos a lo largo de nuestra vida. O nos comimos todo, o no comimos nada, nos angustiamos, amargamos; está en nuestras manos elegir el cuerpo que deseamos tener.
Muchas dicen: “No es importante, porque Dios ya nos dio este cuerpo, esta cara y ¡qué le vamos a hacer!” Y eso no es verdad, porque por ejemplo, cuando compras una casa y vas a vivir allí, ¿qué es lo primero que haces? La arreglas (si es necesario), la pintas, la limpias, la decoras, la amueblas.
De la misma manera es tu cuerpo, como tu casa. O sea, que puedes mejorarlo.
Las mujeres que dicen: “Yo ya estoy así y no puedo hacer nada más”, están negando la oportunidad que tienen para mejorar. Siempre estamos a tiempo para hacerlo. Pregunto: ¿Tienes metas para tu cuerpo? ¿Tienes sueños para tu cuerpo?
A veces soñamos con ¡tantas cosas! Cuando te ves en un sueño, debes ver también cómo estarás físicamente, el problema es que soñamos lo que queremos lograr pero no nos vemos dentro del sueño, observamos desde afuera. Métete físicamente en el sueño que quieres lograr y también sueña qué cuerpo quieres tener en ese momento cuando estés pisando tu sueño. Hemos soñado en muchas áreas pero nos olvidamos de soñar en el área física, sueña algo para tu cuerpo. Tenemos la posibilidad de cambiar y ser lo que siempre soñamos ser.
Los grandes cambios en la historia, culturales y sociales se dieron a través de revoluciones. Es decir que, para lograr un cambio en el cuerpo debemos hacer una revolución. Y no ante los demás, sino dentro de nosotras mismas, debemos revolucionar nuestra vida; determinar y decretar un cambio que debe ser revolucionario para tener resultados, de lo contrario no podremos lograr nada.
La historia
El Doctor Ravenna opina que el problema de la gordura nació con la agricultura. Cuando el hombre cazaba y pescaba debía moverse buscando su comida, se trasladaba de un lugar a otro, y las mujeres montaban y desmontaban las tiendas hacia el lugar que se mudaban; es decir estaban constantemente en movimiento y por eso los cuerpos eran más altos y más delgados. Pero, a medida que el hombre dejó de ser nómade, se fue asentando, se movió menos y empezó a cultivar en un lugar, a comer lo que la tierra producía (trigo, maíz, avena) o sea, “harinas”.
El sedentarismo los llevó a consumir más y moverse menos, entonces los cuerpos altos y delgados comenzaron a achicarse y ensanchar. O sea, la culpa de nuestra gordura es por la agricultura.
Para entender esto debemos tener en claro una ecuación peligrosa: Mucha ingesta + Poco movimiento = Kilos de más.
Si eres una mujer que te gusta comer mucho, pero no te mueves mucho ahí viene el desequilibrio. Debemos entender de qué manera estamos poniendo en práctica esta ecuación. A mayor ingesta, mayor movimiento; a menor ingesta, menor movimiento.
O decidimos comer más y movernos más, o comer menos y movernos menos; nuestro problema es que lo hacemos al revés.
El movimiento debe ser inteligente
Los profesionales del deporte dicen que cada dos semanas deben cambiar la rutina de sus ejercicios porque sino el cuerpo se acostumbra y no hace efecto. Cada dos semanas confunden a los músculos, para que otros músculos trabajen y así cambian la ejercitación que se desarrolla sin acostumbrarse a un ejercicio. Eso es lo que debemos hacer, un movimiento diferente todas las semanas; si lo único que hacíamos era lavar, haz otra cosa, más creativa, pero cambia, ponte en movimiento, porque si sigues haciendo lo mismo que hasta ahora, nada te dará resultado o será el mismo.
Lo peor que puede pasarnos es querer ser distinta sin cambiar nada
Debemos cambiar hábitos: comer en horarios diferentes, levantarnos más temprano para ir a un gimnasio, a caminar o correr, deja el control remoto, no veas más la novela y haz algo diferente por ti y por tu cuerpo.
Anota en una agenda las actividades que tendrás en el día y, de todas esas actividades, observa si le estás dando un espacio a tu cuerpo, o si ese día lo abandonaste haciendo nada por él. Entre las tareas programadas, inserta un día para salir a caminar, otro día para hacer gimnasia, natación, algo que involucre tu cuerpo y te permita quemar calorías. Sal de la rutina, desafíate, supérate y mejórate continuamente.
La agenda de tu vida debe estar escrita por vos misma, no la pueden escribir los demás, no puede ser que consuman el tiempo que necesitas para hacer cosas por vos y crecer. Tu tiempo tiene que estar decretado por ti misma, no por tu pareja ni tus hijos ni tu jefe. Aprende a mejorar continuamente en lo intelectual, emocional, espiritualmente. Chequea si estas mejorando, si estas creciendo físicamente porque estás haciendo algo por tu cuerpo.
La mujeres tenemos el concepto de que lo adentro es importante y lo de afuera que se pudra, eso es ¡un error! Debemos saber que lo de adentro es importante, y si estás bien por dentro se reflejará afuera; si no se refleja afuera no tiene importancia lo que hiciste adentro, porque una mujer que se ocupa de lo interno se distingue externamente. Podrás decirme: “Yo estoy muy crecida, muy bien”, pero si te veo desaliñada, con el cabello desteñido, las uñas sucias, que tu ropa está hecha un desastre, ¡no me digas que estás bien! porque te estás mintiendo a ti misma.
A mayor descuido, más odio
No puedes decir que eres maquilladora y no estar maquillada; ni decir: “te arreglo las manos” y tener las uñas arruinadas. Cuidar tu apariencia es importante, porque tu rostro testifica del interior y si no se ve bien es porque algo tienes por sanar.
Entramos como en una especie de batalla con nuestro cuerpo, comenzamos a luchar y lamentablemente terminamos perdiendo. Cuántas veces dijimos: “Estoy luchando con los kilos de más”, “Tengo que vencer los síntomas de la edad”, “Tengo que coserme la boca para no comer más”, “Me cortaría esta parte que me sobra en rebanadas, la odio.” Todo, porque entramos en una lucha con el cuerpo y peleamos porque no tenemos una buena relación con él. Debemos amigarnos, disfrutarlo. Nos vestimos y bañamos rápidamente en vez de tomarnos tiempo para disfrutar y dejar de castigarlo.
¿Qué parte de tu cuerpo no te gusta? Escondes las partes que no te gustan, y cuanto menos las cuidas más feas se ponen. Cuando tienes una planta y no le pones agua se seca, porque necesitaba cuidado; pasa lo mismo con la parte de tu cuerpo que no te gusta, la tapas, la escondes, tratas de que no se vea, que no llame la atención, entonces dejas de acariciarla, de ver qué posibilidades hay para transformarla: a mayor descuido, más odio.
Identidad
La imagen corporal es la que tenemos de nuestro cuerpo y no sólo lo que pensamos sino lo que oímos que los demás nos dicen o que creemos que los demás piensan. La imagen corporal es un conjunto de emociones, sentimientos, sensaciones con respecto a nuestro cuerpo: que gusta o no, excita o no. ¿Qué decía mamá de mi cuerpo? La mirada que se refleja en el espejo es lo que ella siempre me dijo, no lo que yo creo ver y otras voces que se asocian. Por ejemplo, si siempre me aprobaron, me dijeron que era linda, espectacular, bárbara, que tenía un potencial impresionante, que era hermosa, creceré con esa mirada.
La imagen no depende sólo del peso sino de lo que hay en nuestro interior.
¿Cómo puede ser que un día me mire al espejo y me vea bien, y al otro día me vea mal?
La culpa no la tiene el espejo sino la imagen que tengo de mí misma; y el día que nos levantamos mal emocionalmente, el espejo reflejará una mala imagen pero el día que nos levantamos con gozo, con alegría, con energía, el espejo va a reflejar algo bueno.
Es lo mismo que experimentarás cuando cuides tu cuerpo; cuando empiezas a hacer algo por ti, física o emocionalmente, sentirás que estás bien aunque sea poco lo que hiciste, que tu vida cambió y no sólo depende de los kilos que peses. Quizás un día tienes más peso pero si te levantaste bien, ese día te verás bien y todo estará bien, porque depende de cómo estés interiormente.
¿Qué prioridades había en tu casa cuando eras chica? Por ejemplo cuando ibas a la escuela y no querías ir a la clase de gimnasia, ¿qué te decían? “No vayas, no hay problema, total es gimnasia.” Se le daba importancia a matemáticas, lengua, geografía, historia y gimnasia no tenía valor porque tenía que ver con lo físico e importante era lo intelectual. Quizás nunca te enseñaron que tenías que ir a gimnasia a cuidar tu cuerpo, desvalorizaron esa área priorizando otras, entonces creciste no dándole importancia. De acuerdo a lo que priorizas será la importancia que le darás.
Hoy tu cuerpo es prioridad si quieres alcanzar tus sueños porque tiene que acompañarte, de lo contrario te quedarás a mitad de camino y los sueños no se harán realidad.
Aprende a mejorarte y hacer algo con tu cuerpo
¿Cómo está tu piel? ¿Hace mucho que no te haces nada en el cabello? ¿Cuál es el color de maquillaje que te favorece? Consulta qué maquillajes comprar, qué crema te conviene usar, resalta tu carisma.
Tal estima, tal cuerpo.
Una autoestima pobre te convierte en una persona que no privilegia el derecho de cuidarse.
En la actualidad donde las mujeres no solamente queremos ser madres sino desarrollar todo nuestro potencial, cuando llegamos cansadísimas a casa y lo único que queremos es sacarnos los zapatos y ponernos cómoda; sin embargo, llegamos en el mismo horario que el resto de la familia y la que va directamente a la cocina a calentar la comida y servir la mesa es “la mamá”. Llegamos destruidas pero no podemos darnos el lujo de hacer lo que los otros hacen, porque todavía tenemos la culpa de “haber salido a trabajar” cuando, supuestamente, nuestro rol era ser madre y hacer todo. “Y, ¡no es así!”
Y en ese momento tienes mucha hambre entonces mientras preparas la cena “picas” cualquier cosa que se te cruce. Y después te preguntas: ¿No entiendo, por qué estoy gorda, si no comí nada, hoy no cené? (“No cenaste con todos”, pero cenaste sola mientras cocinabas.)
Comemos lo primero que encontramos porque no sabemos amarnos ni respetarnos, y si no te respetas, no esperes el respeto de nadie. Una estima positiva no es pasiva, se construye cada día.
Una estima pobre hace pensar que tu cuerpo no merece lucir la ropa que te gusta ni aquello que deseas comprarte; y si no te consideras importante vas a decir: ¿cómo me voy a poner ese color? ¿Esa ropa no es para mí? Y empiezas a prohibirte y esas prohibiciones harán que tu encierro sea cada vez más grande, en lugar de lucir lo que elegiste y que realmente te guste.
Hay una diferencia muy grande entre ser mujer y ser madre. Si solamente te consideras una mamá te comportarás como tal, pero si sabes que a pesar de ser madre sigues siendo mujer, entonces tu conducta será diferente.
Aprende a cuestionar todos los mandatos internos que te dieron. Hay quienes, en el día que se casaron cerraron sus puertas como mujeres; dijeron: “Ahora me casé y lo único que me queda es tener hijos”; entonces se engordaron, se dejaron estar, no se tiñeron más, se dedicaron a ser madres, metiéndose en esa identidad y dejando a la mujer de lado. Pero la mujer está ahí, dispuesta a salir en cualquier momento, y todavía tiene sueños, proyectos y potencial para seguir soltando.
La voz que nos juzga
Hay una voz que nos habla a la mente cada mañana y que cumple la función de juez, se llama la voz de la obsesión y está todo el tiempo diciendo: “Estas gorda”; “Estas vieja”; “No sirves”. Se ha transformado en tu juez interior y lamentablemente, las mujeres, le hemos hecho mucho caso.
Imaginen levantarse, y no tener que pensar que lo que comeré me va a engordar o no; que estoy más vieja o no; sino levantarse y decir: Voy a disfrutar de la vida, del cuerpo, del día, de la gente que Dios pone alrededor, del día maravilloso que nos dio. Pero la voz de la obsesión no lo permitirá y resonará en la mente todo el tiempo. La frase más común que dice a muchas mujeres: “tienes que adelgazar”, “estas gorda”, y su fin es convencerte de que “si no eres como la cultura dice, no serás una mujer feliz”, y eso es mentira.
Lo que vemos en una revista o en televisión no es la realidad. El mensaje cultural es falso y la voz de la obsesión nos castiga para llegar a lo que la cultura nos pide, pero es inexistente. ¿Qué carrera estás corriendo? Para alcanzar nada, porque siempre te vas a sentir frustrada, lo que nos muestra no es real, es Photoshop, es maquillaje.
Silencia la voz de la obsesión que te trae una insatisfacción continua para que te desvíes del sueño. Si piensas en eso todos los días te distraerás del sueño grande que tienes para ti misma. Frente a esa voz, puedes reaccionar de dos maneras:
- La asumes diciendo: “Y bueno…, me lo aguanto”, y sigues haciendo lo que ella te dice.
- La cambias.
Y para cambiarla tienes que identificarla. La voz siempre te va a decir: “deberías”, “tendrías”, “no deberías”, siempre dando un mandato negativo de lo que tienes que hacer, una orden, algo que es obligación no algo que salió de tu interior y que lo haces con alegría y satisfacción, sino una orden que te trae angustia y culpa en caso de no hacerlo. Detecta la voz de la obsesión y cámbiala, porque de lo contrario te terminará matando.
Estar delgada no garantiza que los conflictos se hayan resuelto.
Decimos: “El día que pese tantos kilos menos voy a ser feliz” Y te das cuenta que llegaste a los kilos menos pero tampoco eres feliz porque sigues sufriendo los mismos problemas con menos peso. Si haces caso a la voz de la obsesión no llegarás a nada. Debes saber qué palabras poner en tu boca que amen tu cuerpo, que lo valoren, que lo lleven hacia nuevas metas, pero no metas obligadas que traigan angustia y castigo sino aquellas que te gusten hacer, que disfrutes y digas: “¡Qué bien me siento! Hice algo por mí y me siento bien”
El peso corporal (tanto mucho como poco) siempre es un síntoma. Cuando atacamos el peso estamos cometiendo un error, no está mal que cuidemos el peso pero debemos atacar el síntoma. Hay algo detrás que no se puede resolver con palabras por eso comemos, o no comemos, y al no poder ponerlo en palabras desarrollamos un síntoma para explicar lo que no puedo expresar, lo que me está haciendo daño, lo que me duele, lo que no logré en la vida. O sea, estar gordo o extremadamente delgado es un síntoma, y debemos aprender a atacar la base de ese síntoma no el síntoma en sí. Debo trabajar en mi interior y ver qué es lo que no puedo poner en palabras.
La comida representa afecto, amor y recuerdo
Cuando te sientes sola seguramente comerás algún alimento que te haga recordar tu infancia, momentos lindos: -“me acuerdo que en las fiestas familiares nos reíamos todos, cantábamos, la familia estaba unida y estábamos felices” Entonces elegirás los alimentos que comías en esa fiesta.
-“me acuerdo que cada vez que teníamos que festejar, mi papá me llevaba al quiosco y me hacía elegir algo” Entonces comes algo dulce.
Porque el alimento representa amor, afecto, recuerdos. Por eso cuando estás bajoneada, estás mal, lo primero que haces es comer. Es interesante observar que servimos a los demás, sin embargo la comida para nosotros es prohibición, especialmente para las mujeres. Si tenemos un hijo varón le decimos: “Come nene que tienes que crecer y ser fuerte”; en cambio a la hija mujer le decimos: “Ojo, mira que eso engorda”, “cuidado, mira que ya comiste un montón”. Y nos acercamos a la comida con mentalidad de prohibición.
Los otros no son los custodios de tu alimentación
Tú tienes que decidir lo que comes y lo que no quieres comer. Aprende a usar en tu propia vida el “no”, pero un “no” que en definitiva es positivo. Nadie tiene derecho a controlarte, por eso hacemos dieta. La dieta es una mentalidad, todos hemos hecho dietas en algún momento, pero no sirve para nada, porque lo que hacemos es dejar el control de nuestra vida a la dieta (como no lo puedo controlar que lo controle la dieta), y por eso nos frustramos tanto cuando vemos que no da resultado, y comenzamos otra vez con el círculo vicioso.
Debemos aprender a comer por hambre físico y no por hambre emocional
Las mujeres comemos por ira, por bronca, por tristeza, por ansiedad, porque nos sentimos inútiles, porque nos sentimos tristes y lo que comemos son emociones. Nos comemos a la gente cuando no podemos decirle lo que quisiéramos, nos comemos hijos, maridos, jefes, pastores, porque no podemos decir lo que queremos. Comemos para llenar nuestra boca y taparla porque nos da vergüenza, no nos atrevemos o creemos que no tenemos permiso para decir lo que queremos, entonces comemos emociones y nos olvidamos de escuchar de nuestro cuerpo el hambre física.
Cuando éramos bebés cada tres horas nuestro cuerpo nos indicaba que teníamos que comer y no teníamos problema, llorábamos y recibíamos el alimento. Pero hemos perdido la capacidad de escuchar el hambre física y solo escuchamos el hambre emocional: cuando estamos mal vamos a la heladera y picoteamos; estamos con bronca o angustiada y comemos algo; o sea, la señal de alarma es emocional y no física.
La comida es para cargar combustible y seguir funcionando y no para calmar las emociones. Para las emociones necesitamos hacer terapia. No queramos solucionar los conflictos con la comida porque no nos traerá ninguna solución, al contrario, después me dará culpa y vergüenza porque lo que comiste es una emoción. La alarma no tiene que ser tu emoción, aprende a diferenciar cuando tienes hambre emocional o física.
Pensaste alguna vez: ¿Cómo puede ser que tenga hambre si recién termino de comer? Esa es una alarma que suena, no es hambre física, es un problema emocional y debo buscar la salida emocionalmente, no con la comida.


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